jueves, 5 de mayo de 2011

- LA PARED -



¿Es éso una pared?, ¿acaso es un enorme obstáculo, el cual me separa de la libertad y de la felicidad? Pues, bueno. ¡Acepto el reto! Esta enorme pared, no va a poder conmigo. Solo es piedra, densidad, asfixia e impedimento. Y al otro lado de dicha pared, está la sorpresa de mi vida. Es mi obligación romper esa pared. Hacerla añicos. Sí. Parezco un David frente a    un Goliath majestuoso y vencedor. Pero soy muy tozudo. Lo voy a lograr.
¿Véis este martillo? Este martillo, es duro y potente. Y además, la herramienta de mis deseos más naturales y básicos. Temo, que me salgan llagas en las manos, del roce y de la fuerza de los impactos. Pero debo dejar los temores atrás.
Acabo de coger dicho martillo. Me invade una enorme emoción y expectativa. Voy a darle el primer golpe, a la pared que no me deja vivir. Voy a hacerlo, suave; levemente. Como en una advertencia hacia un enemigo, que aguardara consistente y confiado.
¡Ya! Ya está. He toqueteado la pared con el martillo. Os aseguro que no está hueca. Por todo lo contrario, el sonido es severo, denso y como imbatible. Mas, ¡voy a continuar! Y además, con estrategias. Porque si lo doy todo, toda mi energía en los primeros envites, empezaré a notar el hachazo psicológico de la desmoralización. De modo, que seré budista frente   a  la  piedra vertical. Jugaré con su superficie y con su piel, y me ganaré su confianza perforadora. Le iré quitando paulatinamente, cimientos y sostén, pero con suavidad   y  con   toda   la  sutileza.
Sí. Es una piel inicial. Necesito algo más que un martillo de golpe plano. Tomaré algo inciso. Unos clavos, me van a ayudar a destrozar esa pared que me tiene preso de tristeza.¡Y de ira!...
Ya saltan pequeñitos trozos de tierra. Estoy desmenuzando la piel de la pared. Ya puedo jugar en círculos sobre ella. Ahora, voy a darle de nuevo con el martillo. La pared empieza a ceder. Estoy totalmente convencido de que este muro caerá.
Lo que no sé, es cuándo. Ya no soy un niño, y la pared requerirá años   para     ser    batida. ¡Necesito ayuda! Y no solo, la del martillo y los clavos. Sí. Lo que necesito es más gente que me ayude a combatir mi pared. Pero, han de confiar en mí, y creer que mi pared   enemiga puede desvanecerse.
He de convencerles de que se puede. De que podemos entre todos. De que es básico que esa pared se vaya al carajo. Sí. Les voy a seducir con argumentos, hechos y pruebas. Y seremos cien, y mil, y muchos miles. Y todos, al unísono, cantaremos la misma canción de mi libertad. Adiós, pared. Pronto serás solamente una pesadilla del pasado.
¡Y LOGRARÉ VIVIR!

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